Hay tantas, y tantas, y tantas formas de declarar el amor. Con una nota que dice ‘te quiero’, con el sí en el altar, con una cena repleta de velas, con una llamada telefónica, con un sms, con un email, con una envolvente camuflada, con una carta escrita de amor, con un leve soplido en el cogote de la pareja, con un corazón esculpido en un árbol conteniendo los nombres de los dos amantes, con una caja de bombones, con la voz entrecortada al emitir un gemido orgásmico, con una aparición en algún programa de reallity show televisivo, con una confesión pública en alguna de las emergentes redes sociales, con…, pero no olvides que también existe la posibilidad de ataviarse con las mejores galas y tararear al oído de tu pareja de forma sumisa esa canción de amor titulada “Submission”, la que siempre fue, es y será mi canción preferida de los SEX PISTOLS.
Se acercan THE CYNICS, legendario grupo de garage psicodélico para paladares selectos. Distorsiones, alaridos y otras lindezas procedentes de las cavernas. Pura pata negra de su género. Imprescindibles.
Sirva el presente de recordatorio para alguno de esos amigos de este espacio que habían manifestado su deseo de verlos con el fin de que preparen sus mejores galas y pidan cita en la peluquería. Refrescando la memoria de la gira española 2012 de los Cynics:
Todavía recuerdo cuando la conocí. Apareció aleteando y con un zumbido muy característico. No tuve miedo pero aquel díptero casi me hizo perder el juicio porque su ronroneo me susurraba día y noche, sin césar, una y otra vez.
El caso es que siempre le estaré agradecido, al fin y al cabo fue quien me abrió los ojos a una de las bandas más salvajemente entrañables de la historia del rock: los CRAMPS, palabras mayores para el que suscribe.
Siempre se ha dicho que "The human fly" fue una de las escasas composiciones propias en la primera época de aquel matrimonio bien avenido formado por Erick Purkhiser, alias Lux Interior, y Kristy Wallace, alias Poison Ivy, pues de conocimiento público es que bastantes temas (sobre todo en sus inicios) eran versiones pasadas por su batidora doméstica de viejos singles de los 50 y 60 que no tuvieron el éxito merecido. Ahora bien, no es quiera tumbar el mito de la mosca humana pero la inspiración de los Cramps se hallaba en esta ocasión dentro de un tema instrumental que en 1958 publicaron los Tune Rockers titulado "The green mosquito" (véase enlace pinchando aquí).
Asimismo es importante reseñar que en la cara B de este single se hallaba una gloriosa versión del "Domino"de Roy Orbison, un tema extraordinario grabado por el inolvidable rockero en 1956 y que injustamente casi nunca sale en las quinielas de sus clásicos ni recopilatorios. Pero bueno, para eso estuvieron los Cramps, claro, para sacar del pozo los viejos tesoros untados de lodo y licuarlos con su sonido característico. Cramps forever!!!
Y hubo un día en que un rayo de luz bajó a la tierra y los suficientes moradores de la misma sintieron que unos héroes evangelizadores negros difundían la Palabra. Pero con el transcurso de los tiempos hubo otros que sintieron envidia, otros que les dieron la espalda, otros que les dieron el beso de Judas y otros que renegaron de la Palabra porque en realidad no les hacía gracia el color de esa piel misionera.
Cuentan también las sagradas escrituras que un nutrido elenco de apóstoles blanquitos se apoderaron de la Palabra y alcanzaron las mieles del éxito que primeramente debería haber correspondido a las ancestrales deidades negras. Después, en 1968, el gran maestro MUDDY WATERS emplearía las mismas cartas con las que estaban jugando los que trapicheaban con su herencia. Blues eléctrico y psicodelia tupida y viscosa, muy típica de la época vía Hendrix a base de efectos fuzz y de reverberaciones pero con su indeleble y deslumbrante huella que, acompañada de matices funkys confería un efecto final enormemente vanguardista.
Dos clásicos del 54 compuestos para él por Willie Dixon como eran “I just want to make love to you” y “(I’m your) hoochie coochie man” recibían otro tratamiento dermoestético para abrir un “Electric mud” en el que el viejo bluesman se reinventaba acertadamente.
Por otra parte no fue ni mucho menos un pulso con sus Majestades Satánicas pero el maestro negro conectó dos generaciones porque podía acercar mejor que nadie cualquier cosa que se terciara a la hoguera infernal de las vanidades hasta incluso supurar sexo desde las entrañas. Qué mejor demostración de ello que con una exuberante versión del “Let’s spend the night together” rollingstoniano.
Después recuperaba para la causa un tema del 53 como la genial “She’s all right” en la que acababa tonteando instrumentalmente en su recta final con “My girl” de Otis Redding. Del 55 acicalaría el venerable “Mannish boy” e introduciría dos temas nuevos que no desentonaban para nada con el resto como “Herbert Harper’s free press news” o “Tom Cat” para finalmente rematar la faena con nuevos métodos en otra composición de Willie Dixon que ya publicó Waters en el 64, como era “The same thing”.
Cuenta la leyenda que el maestro evangelizador, más amante del blues clásico, no quedó muy satisfecho con ese moderno resultado de la época debido a una supuesta congestión guitarrera y rítmica alejada de sus patrones habituales. Para gustos no hay nada escrito y al fin y al cabo lo que primaba era que se trataba de una buena oportunidad para ganar un dinerillo, ser mejor reconocido y retomar una carrera que distaba de su momento más álgido.
En fin, el caso es que la historia mejoró con creces un álbum que sufrió las iras de los puristas y que durante mucho tiempo no fue valorado en su justa medida. Ya va siendo hora de arrodillarse como buenos pecadores y restregar las articulaciones centrales de las piernas por el suelo mientras damos las gracias a la raza negra por este presente (y por otros muchos más) que nos proporcionan tanto bienestar. Amén.
Si hay un estilo musical del que me resulta dificilísimo concebir la falta de aprecio ese es el blues. Si hay un bluesman blanquito europeo por el que siempre he sentido admiración de su legado bluesero, ese es el británico JOHN MAYALL. Muchos son los trabajos de su amplia discografía a los que creo se debería dar más reconocimiento. De los que conozco mis preferidos siempre han sido el “Blues breakers with Eric Clapton” del 66, el “Thru the years” del 69 y muy especialmente el que nos ocupa.
Lo mejor de Mr.Mayall a mi juicio es que fue más allá de posibles limitaciones de un estilo que parecía encorsetado y abrió nuevas vías de exploración sin traicionar el espíritu del mismo.
Sin batería, en plan primitiva jam-session de antigua taberna con olor a tabaco, sabor a buen whisky de malta y repleta de improvisación con guitarra, saxo, flauta, armónica y algún extravagante elemento percusivo, “The turning point” tiene un buen puñado de matices psicodélicos y jazzísticos, y es sin lugar a dudas uno de mis discos en directo preferidos de la historia del rock.
Nos podemos quitar el sombrero una y otra vez ante “The laws must change”, “Saw mill gulch road”, “I’m gonna fight for you J.B.”, “So hard to share”, “California” o “Thoughts about Roxanne”, pero creo que dentro del blues no tiene rival un hiper-ultra-mega-temazo como “Room to move”.
Hoy destacamos en este espacio el trabajo de Antonio Chumillas "CHUMI", armonicista, corista y diseñador de DOCTOR DIVAGO (uno de los grupos favoritos de este lugar), al haber inaugurado un blog de ilustraciones propias donde aparece una serie titulada SUPERHÉROES DEL BLUES (se puede ver pinchando aquí) que incluye las de sus músicos favoritos (Sonny Terry, Robert Johnson, Sonny Boy Williamson, Charlie Patton, John Lee Hooker, Lead Belly, Bessie Smith, Willie Dixon, Muddy Waters…), y en la que Cisco Fran, amigo de este espacio y compositor y cantante de La Gran Esperanza Blanca realiza una estupenda presentación a tan digno trabajo y de la que se recomienda también su lectura.
Asimismo, Chumi ha creado un corto de animación presentando las ilustraciones mencionadas (se puede ver a continuación) donde también ha incluido su armónica en el audio. Desde aquí brindamos por este trabajo y por los Superhéroes del blues.
En 1964, los TRASHMEN, influenciados por grupos como The Rivingtons, causaron furor con temas como "Surfin' bird" y "King of the surf", alcanzando el éxito internacional con un divertido cóctel de surf rock, garage, beat y rock and roll.
En 1977 los RAMONES ya evidenciaban un asentado buen gusto musical que se manifestó claramente en una obra maestra como "Rocket to Russia". Para realizar ese trabajo, entre otras sensaciones positivas, visualizaron pajaritos surfeando por aquí y por allá, y al final se quedaron muy a gusto al transmitir que 'el pájaro' era fundamental para la humanidad. Qué mejor reclamo para ello que con una legendaria y didáctica expresión como era la de "Papa-Oom-Mow-Mow, Papa-Oom-Mow-Mow".
THE MONSTER ONES es un grupo de Palma de Mallorca que con influencias como Ramones, Misfits o Turbonegro se han autoeditado un segundo Ep donde descuartizan el rock&roll sin piedad.
Titulado "I wanna be a teenage monster!!", este disco es un pepinazo en toda regla formado por "Teenage Ramone", "Monty mouse", Mokus party" y "We know (part I crooner intro y part II madness outro)", cuatro explosivos temas inspirados en el cine y en los comics de terror y de ciencia ficción que a ritmo ramoniano resultan divertidísimos. Recomendable para todos los públicos.
Que no se extrañe nadie si cualquier día de estos se produce una fuga masiva de ciudadanos al extranjero. Y no me refiero a una fuga de talentos, esos ya los fichan en Alemania u otros países que cortan el bacalao, sino más bien a personas comunes, vulgares y corrientes.
Un buen destino para emigrar, tal y como me ha propuesto más de un amiguete en alguna ocasión, podría ser Australia, lugar idóneo para montar una comuna y pasar olímpicamente de tanto recorte social y tanto político deleznable que actúa por estos lares. Lo que está claro es que allí, entre canguros, ornitorrincos, cacatúas y demonios de Tasmania, no faltará buen aussie-rock, el tradicional, ese que está repleto de pildorazos energéticos de powerpop autóctono, el mismo que pasa de puntillas por Europa porque el mercado anglosajón (inglés y americano) acapara y los desplaza del mismo modo que margina al resto de países.
Entre un nutrido elenco de interesantes bandas que podrían sonar para madurar bien esa propuesta podrían estar los desconocidísimos THE CITY LIGHTS. Su primer álbum “Escape from tomorrow today” del 2004 fue una especie de perla hallada en alguna de las costas australianas ubicadas entre los océanos Índico, Glacial Antártico y Pacífico. Agradecido me ando por ello al amigo Victor Hugo que hace tiempo me lo descubrió en su Dudumdum, y que después de una difícil tarea de localización conseguí hacerme con este explosivo artefacto sonoro.
Tras una breve introducción,el álbum comienza con un trallazo descomunal como es “What you gonna do?”. Este tema debería figurar de forma inmediata en los anales de la historia como uno de los obuses powerpoperos más revitalizantes (véase video a continuación).
Después, con la garagera “You stand accused young man” se confirma claramente que este combo no va en broma. A continuación, aromas balsámicos a caballo entre The Clash y The Who emanan de “New world record” o “Every single day”, pero a buen seguro que el disco hará las delicias de los fans de The Jam al escuchar “Without you” , “So here we go again” y muy especialmente con “Pictures of you” o “Curse on everyone (hey, hey, hey)", donde se suceden ritmos trepidantes entre urgentes riffs de guitarra con sabor añejo. Además, si un corte como “A big star” (una especie del "Common people" de Pulp a la australiana) se hubiese publicado en los dulces años de la new wave apuesto que habría sido un éxito absoluto. Y para una perfecta cara b de ese posible single habría servido "Escape from tomorrow today" que da título y sirve de colofón al disco, o quizás “No end in sight”, con ese subidón de garra rockera a partir del minuto y 50 segundos más o menos.
Esto es caña aussie-mod selecta del siglo XXI. Muy recomendable entre otros para potenciales emigrantes dispuestos a entonar un "Australia patria querida, Australia de mis amores,..." o para esa multitud de ciudadanos del mundo que deberían regenerar neuronas que se encuentren en estado de reposo excesivo.
Esta es una deuda que hace tiempo quería saldar y que parecía que nunca llegaba. Comencemos pues a saldarla por partes, que ya toca.
No sé (ni me interesa saberlo) si “13 veces por minuto” es el mejor disco que se ha publicado de hard-rock nacional. Tampoco sé (ni me interesa saberlo) si es el mejor disco de esos valencianos llamados UZZUHAÏA. Esos son detalles relativos y sobre todo subjetivos, pero lo que sí que tengo claro es que es el disco de rock duro nacional con el que más he disfrutado en esta vida (y espero continuar disfrutando, buena señal será, todo sea dicho). Tampoco es que me prodigue mucho por terrenos hard-rockeros pero desde hace más de año y medio que este trabajo me ha generado una profunda adicción, algo que llevaba tiempo sin sentir de forma tan prolongada bien sea de un producto nacional, bien sea de un disco en este estilo. Los buenos augurios de “Destino perdición” no iban mal encaminados.
Más cosas. Decir que Uzzuhaïaes la banda de rock duro que mejor ha progresado en España y que mayor reconocimiento ha generado en los últimos años (sus recomendables y arrolladores directos así lo atestiguan) no debería ser ninguna sorpresa. Y decir que “13 veces por minuto” es una barbaridad sónica donde incuestionables riffs de guitarra, letras en castellano bien elaboradas con estribillos pegadizos, espectaculares bases rítmicas, una sobresaliente producción y abundantes toneladas de decibelios que se amontonan unas encima de otras en perfecta sintonía (salvo los momentos de introspección en la balada del último corte), es algo que no debería pillar desprevenido a aquellos que conocen la trayectoria de esta banda.
Vamos con el perversamente interesante material de diez himnos que esconde“13 veces por minuto”, el cuarto disco de esta banda al que perfectamente se le podrían encontrar similitudes con el mejor período de The Cult, pero también con grupos como Metallica o con alguno de los grandes clásicos del género.
En “13 veces por minuto”, el tema que da título al álbum, nos enfrentamos a un huracán a base de rock urgente, contundente y visceral dentro de lo que fue el primer single de este trabajo.
Con “La mala suerte”, un tema de una apertura considerable, nos permite acercar su estilo hacia otros derroteros menos identificados en su especialidad, destacando el acompañamiento de efecto con talk box que nos acaba desbordando la imaginación con esa chica protagonista que lleva tatuada una calavera en su piel.
También muy accesible para una diversidad de oyentes es “Magnífico fracasado”, que tras su acústica introducción sureña es de esas canciones que guardan una bala en el mismísimo corazón.
A ritmo vertiginoso, “No quiero verte caer” es un himno sobre las connotaciones negativas que arrastran muchas estrellas del rock.
Vamos con mi preferida, me atrapa absolutamente “Ante la tempestad”, entre acústicas, eléctricas y de nuevo ese modulador de voz con el efecto talk box simulando un wah wah guitarrero apoteósico.
Más oscura y vampiresca, incluso acercándose algo al glam del post-punk que practicaban los Bauhaus en sus inicios es el temazo de estos “Ángeles malditos” de la alta suciedad.
Por su parte “O.C.K” me parece alta energía de mucho nivel, una de las mejores recreaciones que he escuchado en lengua española del hard-rock setentero más clásico, mientras que en “Antes del amanecer” con ese riff tan The Cult muestran su parcela más épica.
Con “Durango” se produce entre ciertos aires de country tradicional el mejor homenaje que se le podía hacer a uno de los más emblemáticos garitos valencianos de los últimos años, especializado en conciertos de rock, y que desgraciadamente va a cerrar en breves fechas.
Tras tanto trallazo, una balada relajante como “Desierto” sirve de sensible abstracción final permitiendo que las palpitaciones vuelvan a mantener un ritmo más distendido.
¿Quién dijo que el producto musical patrio está en decadencia? ¿No será que siempre se mira con lupa de demasiado aumento lo que se aquí se cuece y se idolatra en exceso lo de fuera? Sinceramente creo que este disco son palabras mayores, transmite rock’n’roll en todos sus poros y tiene méritos suficientes para, al menos, no pasar desapercibido para la masa ni para ningún estamento del rock.
La insistencia en privado junto a algún artículo publicado por mi apreciado master of rock&racket RTHB así como la lectura de algún post de Angel y de my friend Nortwinds en sus respectivos espacios blogosféricos me puso en gran alerta.
Aunque personalmente nunca haya profundizado en exceso dentro del rock progresivo, ese motivo no me resultó un escollo para valorar positivamente el original último proyecto del compositor y guitarrista Ricardo Moreno, conocido como VODEVIL VARGAS.
La línea de este trabajo auto-editado, su primer single de finales del 2011 titulado “Santa Cruz” y presentado a principios del año en curso, es el anticipo de una obra conceptual que gira alrededor de una ficticia historia de dos personajes principales en un antro sevillano durante los años setenta, tiempos de drogas duras, de excesos, de dramas, y cuyos sonidos deambulan apasionada y espectacularmente durante más de ocho minutos entre el rock sinfónico, el rock andaluz, la electrónica y el hard-rock.
En “Santa Cruz” hay energía, hay honestidad, hay ritmo, hay emoción, hay dramatismo, hay fusión, meritos suficientes para al menos escuchar detenidamente este single.
Se encuentra dividido en seis partes donde destacan los cambios de intensidad para cada una de ellas. La primera es el poderío de unas guitarras y unas palmas “entre el aire, el agua y la vida”. La segunda es el piano quien cobra protagonismo con “Isabel a duermevela”. En la tercera la guitarra eléctrica se vuelve “indomable”. Con la cuarta se apaciguan las aguas un 10 de noviembre de 1975 en “No hay retorno a Santa Cruz”, mientras que en la quinta titulada “Alferecía” se llega al éxtasis del trabajo en cuestión hasta desembocar en ese colofón de los “Llantos del altozano”.
Al loro con Vodevil Vargas, al que ya se le acerca con expectación y buenos presagios su segundo trabajo titulado “#Betis41”. Mientras tanto se puede descargar “Santa Cruz” de forma gratuita en su web http://www.vodevilvargas.com, una completa página donde se encuentra toda la información de este proyecto que tanto promete. Atentos!!!
La única norma (no escrita) de un homenaje a un artista que se sigue a rajatabla en este espacio desde hace tres años es la de acordarnos de ANTONIO VEGA cada 12 de mayo.
Imprescindible, básico, fundamental, indispensable, necesario, provechoso, irreemplazable, esencial, vital, preciso, elemental, primordial, conveniente, inexcusable, obligatorio, ineludible, inapelable, trascendental, insustituible, beneficioso, incuestionable,... así es para los suficientes el legado de Don Antonio.
"...más allá de las montañas se perdió,
hoy su sombra deambula sin dirección,
solo algunos recuerdan como sucedió.
Aventurero, romántico señor..."
Hoy suena "San Antonio", uno de los temas de estudio inéditos que fueron añadidos al maravilloso directo "Básico" del 2002. Siempre agradecidos a esta sagrada canción, una de tantas del gran maestro.
La pasada semana, en el post de los 15 mejores grupos de la historia del rock (véase pinchando aquí), surgió de forma espontánea la posibilidad de que los lectores y amigos de este espacio se animaran a añadir su lista. Ante la gran cantidad de comentarios al respecto, hemos recopilado datos con todos los grupos que fueron nombrados al menos dos veces (ascendieron en total a 86).
En los resultados se incluyen por una parte mi lista (el burro delante para que no se espante), la de RTHB, la de Boris, la de Tsi-na-pah y la de Ed Charrúa, con las que ya participamos en la originaria propuesta realizada en The Best Music.
Además se incluyen las nominaciones a artistas en solitario o las reivindicaciones particulares a diversas bandas por parte de Sincopada, Jordi, Anónimo, Sergio, Raúl, Atticus, Midas, Chals, Sergi, Flordeloto, Joaquim y Lu, sumando un total de 40 participantes. Si a alguien no le agradan las normas puede protestar ante el organismo que considere oportuno. Se agradecen todas las aportaciones, incluidas también las de los comentarios que efectuaron Uri, Red River, Victor Hugo, Freaky, JMHulme, Beblack y El Rosquillas, por supuesto.
Sin más preámbulos, ha votado una parte del pueblo y este es el resultado:
Recordatorio importante para los amiguetes de este espacio que puedan y lo consideren oportuno: el próximo sábado 12 de mayo a partir de las 22:30 horas hay una cita regeneradora en el Loco Club de Valencia (calle Erudito Orellana nº 12 para los interesados).
Por una parte el regreso de LAS RUEDAS con temas nuevos. Interesante grupo madrileño que despuntó a finales de los 80 y principios de los 90 y que no gozó del suficiente éxito que atesoraban temas inolvidables como "Ok Nastassia Kinski" de su primer MiniLp homónimo, o algunos de los incluidos en sus posteriores entregas de larga duración como "Viva Corrales", "Son para tí" y "Predicar en el desierto".
Y por la otra LOS RADIADORES, valencianos habituales por estos lares, donde ya comentamos su MiniLp "Bienvenido" (aquí) y su último Ep compartido que incluye "El aullido del lobo" (aquí), dedicado al ex-futbolista "Lobo" Diarte junto a una versión del "Calle arriba, calle abajo" de Mak y los Desertores.
¿Quién iba a decir en 1983 que detrás de ese culete y de ese torso masculino tan apañado se estaba gestando una de las mejores y más carismáticas bandas de la historia del rock?
Aquella canción titulada “Hand in glove” que reivindicaba el orgullo y el derecho a poder amar públicamente, sin distinción de orientación sexual, era un auténtico puñetazo a una sociedad clasista, despectiva y homófoba. Musicalmente además era una bomba de relojería colocada con acierto en los cimientos (o quizas sería mejor decir en el trasero) tanto del imperante pop-rock de moda como de la industria dominante en esa época. Por otra parte, “Handsome devil”, en la cara b de este primer single, se granjeó duras críticas pues parecía como si hablaba de forma indeterminada sobre un tema intocable en la música como era la pedofilia.
La ambigüedad sexual que generaron los SMITHS a partir de ese momento y que implicó multitud de detractores y de apasionados incondicionales no fue lo más underground ni a mi juicio lo más admirable. Había nacido el primer gran grupo independiente, había llegado el éxito de uno de los pioneros en lo que a posteriori se conocería con el término indie, muchas veces utilizado erróneamente.
Sin ser dominados por las multinacionales, los SMITHS dominaron el mundo como ninguno lo había conseguido de esa forma, siendo tan punks como los más punks al ponerle el dedo erecto sin cesar a toda una clase conservadora, siendo tan glams como los más glams porque crearon tanta o más imprecisión sexual, siendo tan pop como los más populares y encima con un tupé en permanente crecimiento que ya le habría gustado a muchos rockabillys de la época o a posteriores modernillos de postal. Además, unas letras que eran más cultas y profundas que la gran mayoría de sus contemporáneos o de anteriores generaciones eran el complemento ideal al homenaje que constantemente realizaban en sus portadas a otras artes como el cine o la fotografía. A la vista de ello sus camisetas todavía hoy son un referente incuestionable. Ver para creer. Pero por encima de todo su música, sonaba diferente a todos. Es difícil, muy difícil hallar en la historia del rock un grupo con tanta personalidad. ¿A qué suenan los SMITHS? A los SMITHS, ni más ni menos, con sus originales riffs de guitarra y con sus melodías, cuestión que resulta un detallito importante a tener en cuenta del que no se pueden jactar muchos, incluidos sobrevalorados e intocables. Asimismo, tampoco hay que olvidar que muchas bandas vendrían después y entre sus referencias ahí están los SMITHS, inevitablemente.
En definitiva, que a pesar de sesudos catedráticos y expertos críticos especializados excluyentes que en su momento se dedicaron a realizar cruzadas que iban más allá del gusto o no gusto por la obra de los SMITHS, nunca podrán conseguir, mal que les pueda pesar, que aquella luz sin prejuicios se apague. Buena culpa de ello fue aquella primera piedra, o quizás sería mejor decir aquel culo del “Hand in glove”. Passion Smiths music is not dead!!!
Asociada mucho más en el transcurso del tiempo con “If love is a red dress”, temazo incluido en la banda sonora de Pulp Fiction, existen dentro de la discografía de MARIA McKEE otros trabajos interesantes no tan habituales en esa memoria histórica musical que frecuentemente está repleta de lagunas o de ignorancias, y a las que en este caso se añade ese plus de inusual reconocimiento a las artistas femeninas en un terreno mayoritariamente abocado a vocalistas masculinos.
En 1993 Maria McKee publicaba su segundo álbum en solitario titulado “You gotta sin to get saved”, una joya semi-oculta que obtuvo buenas críticas, especialmente una vez más por parte de prestigiosos compañeros de profesión que ya la reivindicaban desde sus tiempos ochenteros con su infravalorada banda Lone Justice, además de insignes colaboradores en el mismo como fueron los Heartbreakers de Tom Petty, los Jayhawks o los Posies.
En este disco, la McKee ajusta su agraciada y privilegiada voz con finura, exquisitez, delicadeza y mucho sentimiento al country, al rhythm&blues o al folk, bien sea con baladas o con medios tiempos. Muestra de ello es la intensidad de "My girlhood among the outlaws" o esa declaración de amor que abre el álbum titulada "I'm gonna soothe you", quizás el tema más exitoso de este trabajo.
Algunos de los cortes que lo forman son versiones. Así por ejemplo quedan patentes las influencias de Van Morrison en ese viaje astral de “The Way young lovers do” y en una espectacular “My lonely sad eyes”, originalmente perteneciente a los tiempos en que el León de Belfast dirigía los gloriosos Them. Por su parte, en “I can’t make it all alone”, composición de Carol King y Ferry Gafin, brillan unos arreglos que difieren ostensiblemente de la lectura más popular de Dusty Springfield.
Además, en temas como “I forgive you”, “Why wasn’t i more grateful (when life was sweet)” o “You gotta sin to get saved”, esta dama de la canción muestra elegancia y fuerza al mismo tiempo a golpe de rhythm&blues, soul y gospel, mientras que el country tradicional se deja ver en “Only once” y en la espectacular “Precious time”, acompañada y compuesta por Gary Louris y Mark Olson, los miembros de los siempre reivindicables y antes citados Jayhawks.
En el pasado mes de abril, mi apreciado master of rock&racket Perem me invitó privadamente para que colaborara en una macroencuesta sobre los 15 mejores grupos de la historia del rock cuyo resultado se publicaría en varios medios, entre ellos su Rock The Best Music. Tras un durísimo proceso de selección en el que, en mi caso, tenía que primar evidentemente la subjetiva visión de la historia personal, la reducción a quince bandas se antojó dificilísima, y máxime con estos gustos tan raritos que me caracterizan, quedando fuera más de medio centenar que, con mucho dolor, no pasaron la última criba. C'est la vie.
Ahí va como divertimento la lista woodyjaggeriana (variable en el tiempo y sin ánimo de ser compartida, aunque relativamente lógica para los habituales lectores de este espacio) y al lado la lista ganadora de The best music (también pinchando aquí) publicada el pasado miércoles a partir de la suma de los listados de 71 participantes. No estaría nada mal que alguno se animara a poner la suya en los comentarios. It's only rock'n'roll but i like it!!!
La relación entre el mundo de la música y el mundo del fútbol ha pecado en la mayoría de las ocasiones de ciertos aires populacheros y folclóricos cuyo objetivo radicaba principalmente en incitar a grandes masas de gente mediante cánticos basados en simples premisas populistas.
Para los que sentimos pasión por los deportes, y concretamente por el fútbol dado el asunto que concierne este post (en mi caso debido a unas asumidas razones genéticas que se imponen a la repugnancia que me produce la manipulación, el radicalismo y la violencia en el deporte), y además sentimos el pop-rock en sus múltiples variantes como alimento indispensable del espíritu, resulta un lujo que ocasionalmente se mezclen churras con merinas y confluyan de forma seria ambos universos. Además, si a ello le añadimos que esos sonidos que actúan como nutrientes del alma tienen que ver con los colores futbolísticos bien sean elegidos por propia voluntad o bien sean dispuestos con exactitud dentro de los cromosomas del ADN heredado, el placer se incrementa en grado supremo e incluso en un momento determinado hasta sirve como método para honrar el núcleo familiar.
Además de lo expuesto, el disco que nos ocupa tiene como factor adicionado la valentía de una propuesta que exalta parte de la historia de un club que no pertenece a esa bipolaridad imperante en nuestros días (me refiero a nivel futbolístico, claro, aunque ese ambiental imperio bipolar que nos inunda y en el que parece que no exista nada en el mundo aparte de los dos polos dominantes también podría ser aplicable a nivel político por citar un ejemplo). Es en ese aspecto de ser terceros, cuartos, quintos o últimos en discordia dentro de los muchos colores y tonalidades que cohabitan en el mundo cuando al escuchar las canciones de este Ep surge a mucha honra el orgullo como método de autoestima y de satisfacción personal. En este caso sería conocido como orgullo ché (o valencianista para el que no se prodigue en términos de balompié).
Y es en la historia de ese orgullo donde la nostalgia rememora imágenes de largas melenas, de viejos ídolos, de bocadillos de atún con olivas, de los primeros cromos y chapas de fútbol o de honestos padres que iban de la mano con sus hijos al viejo Mestalla. Y para que esa memoria histórica no padezca del típico alzheimer que merodea en nuestros días, aparece un disco de radiante y esperanzadora actualidad.
"La balada de Diarte y Kempes" es un trabajo compartido por dos grupos valencianos de música muy apreciados y habituales en este espacio. Por una parte, LA GRAN ESPERANZA BLANCA, bastante desconocida fuera de Valencia pero sin lugar a dudas una de las bandas de folk, blues y rock&roll más serias que ha dado de sí este país, probablemente la que mejor ha sabido transmitir la esencia de Bob Dylan en la lengua de Federico García Lorca. Y por otra parte LOS RADIADORES que, después de ser una de las grandes promesas valencianas, se encuentran ya bastante asentados como una realidad del rock patrio.
El disco se abre con “El aullido del lobo” a cargo de LOS RADIADORES. Grandioso homenaje a Carlos “Lobo” Diarte, ese delantero centro paraguayo que falleció hace poco tiempo debido a un fatídico cáncer. Estupendo el videoclip, el lobo ha regresado desde el otro lado y se ha vuelto a escuchar su aullido: auuuuuuuuuuuuu!!!
A continuación el turno es para LGEB y su “Nostalgia de Bell Ville”, dedicada al “Matador” Mario Kempes, el mejor jugador de la historia del Valencia C.F., un tema del que ya comentamos hace dos años por aquí (véase enlace) como primicia. En ella se reproduce el fracaso del día de debut de ese poderoso futbolista argentino. ¿Quién iba a decir que después de aquel inicio se iba a convertir dos años después en el mejor jugador del mundo? Ahí quedará para la leyenda y para el morbo popular que las causas de aquel funesto partido de estreno de "Marito" Kempes contra el CSKA de Moscú fueron debidas a un perdigón descubierto en la primera radiografía y que al parecer acompañaba a la perdiz en escabeche que ese día comió el pibe inmortal. Sea como fuere, el caso es que ante la exigente parroquia valencianista puede que “El Matador” sintiera aquel día nostalgia de su Bell Ville natal, en la provincia de la Córdoba argentina.
El tercer corte del disco supone 'el retorno del vicio' con el que Los Radiadores sorprenden mediante una gratísima versión de “Calle arriba, calle abajo” que recuerda aquel glorioso temazo del grupo de Ribarroja del Turia llamado Mak y los Desertores.
Por último cierra el disco “Más allá de la colina”, tema inédito en la discografía de LGEB, cargado de emotividad, pero sobre todo es otra buena muestra que recoge la esencial identidad de este legendario grupo valenciano.