
Limitarse a decir que la sombra de Joy Division está latente en el último trabajo de
AMBROS CHAPEL sería algo demasiado sencillo y simplificado para resumir lo que esconde
“Constants are changing”. Al fin y al cabo la influencia que ejerce el legendario grupo de Manchester se encuentra oculta en más obras y artistas de lo que sus deudores le reconocen.
No me parece el caso de
Ambros Chapel en su segundo disco, donde a mi juicio reconocen sus influencias pero imprimen un sello personal y diferente a un género que tantas glorias aportó al mundo del rock a pesar de que no haya obtenido un reconocimiento objetivo generalizado en el tiempo desde diversos sectores dentro de las cíclicas modas musicales. Realmente,
“Constants are changing” me produce una gratísima satisfacción, esa que gana con consecutivas audiciones, solida y repleta de matices, entre la elegancia y la oscuridad, y que corrobora las buenas maneras que apuntaban en su debut con
“Rome” del 2009, uno de los mejores discos nacionales de aquel año según bastantes medios especializados.
En esa amalgama de influencias, hay que tener en cuenta que la percepción de las mismas tiene carácter subjetivo y lo que para algunos puede no resultar agradable, para otros es un orgullo. Además de ineludibles asociaciones con bandas teóricamente recientes como Interpol o The Editors, creo que en este disco se rastrean imprescindibles clásicos del post-punk y del britpop.
El disco se abre con
“New nation”, y lo que inicialmente aparenta ser un cruce explosivo entre el
“Atmosphere” de Joy Division y el
“Knocked up” de los Kings of Leon se convierte nada más lejos de la realidad en un pasadizo que podría rememorar inolvidables sensaciones entre los primeros Sisters Of Mercy del
“First and last and always” y los Bauhaus del
“Mask”. Esas referencias se resaltan en
“Tears”, donde las positivas impresiones ceden paso a nombres más asociados con el rock alternativo británico de los noventa como Suede, banda que asomará también con enorme acierto en
“Beyond my comprehension”, un tema sumamente adictivo.
Y llegamos a
“Call me may”. Por fin, loado sea el señor que alguien se dedique a explorar con valentía y eficacia las atmósferas y la intensidad de los siempre reivindicables The Chameleons, cosa que se ratificará en
"Survive", el brote a simple vista más tortuoso y que quizás mejor recoge la esencia de Ian Curtis, y en
“Constants are changing”, el estupendo tema que da título al álbum, el cual circula también entre la densidad sonora de los mejores tiempos de Adrian Borland con The Sound.
Precisamente esa intensidad es la que da paso a una brillantísima sensibilidad en
“Got an A”, quizás mi preferida del disco, repleta de cambios de ritmo donde el vocalista de esta banda valenciana alcanza cotas asombrosas que podrían recordar al mejor Jarvis Cocker con Pulp.
Es a partir del sexto corte donde comienza a coger protagonismo la banda de Robert Smith y mientras
“Glorious Sunday” se acerca a la parte más popera de The Cure, en
“Kissing the boom” o
“Lullaby” se evocan más los tiempos entre
“Seventeen seconds” y
“Pornography”. Por otra parte no podía faltar en este compendio de influencias el David Bowie más berlinesco, ahí queda la fenomenal
“Nice Tv”, que cabalga entre el Duque Blanco y Peter Murphy.
Entre tantos imprescindibles nombres, lo que más me parece relevante es el asentamiento de una banda cuyo nombre es un guiño a la película
“El hombre que sabía demasiado” de Hitchcock, la cual tiene sobre todo fe en lo que hace y en su estilo, y de la que no me extrañaría nada que lo que fue una promesa se convierta a este ritmo en una realidad como referente de un post-punk que le pese a quien le pese nunca estará muerto.