
Cada vez estoy más convencido de que las estaciones afectan al comportamiento humano. Con el otoño las flores caen, los pájaros marchan y las temperaturas comienzan a bajar. Todo ello creo que influye en mayor o menor medida sobre las personas, abundan las decepciones y hay que saber convivir con ellas.
Por supuesto el abánico humano para contrarrestar y amortiguar los chascos es grande y cada maestrillo tiene su librillo. Una buena terapia siempre son los REDD KROSS, no estaría nada mal que fuera de aconsejable cumplimiento por parte de psicólogos o eruditos en la materia el que cada estación climatológica se asociara con algunos de las obras maestras de los hermanos McDonald y compañía, todo ello como medida preventiva para evitar malas caras y perdidas de humor, logrando incluso visualizar horizontes azules aunque el cielo se halle gris.
Así, por ejemplo, podría resultar plenamente recomendable (y confortable) elevar el volumen de forma considerable con el “Show world” durante algunos días de otoño.
Para empezar, un azote irresistible entre punk-rock y powerpop como “Pretty please me” se convierte en un azucarado mundo de ensueño y esto comienza a llevar buena pinta. El sonido de alta fidelidad no decae sino que aumenta, suena “Stoned”, qué barbaridad, las chicas se sueltan la melena, y los chicos también, que no se diga.
Vamos con “You lied again”, se trata de una envolvente camuflada capaz de engatusar al tipo más duro, quizás sea una obscenidad decirlo así pero a mí me parece como si los Beatles practicaran hard-rock.
“Girl god” es como la sonrisa de una chica, ¿hay algo más perturbador? La canción de marras adquiere las suficientes dosis de épica como para pensar que muy pocos de su generación fueron capaces de crear algo tan bello e innovador.
Turno para “Mess around”. A ver, esto es un pelotazo sin concesiones, todo un himno popero sobre las dudas que genera la monogamia. Si le quitamos varias capas de decibelios nos podríamos encontrar con una de las mejores canciones que podrían haber firmado Lennon y McCartney. Es más, y sin ningún temor de aparentar exagerado o apasionado, apuesto que les hubiera encantado componerla.
“One Chord Progression” es simplemente eso, una sucesiva progresión de acordes que permite zarandear la cabeza de izquierda a derecha una y otra vez al compás de los mismos. Casi nada (como diría uno que yo me sé "casi res diu el diari"). En cambio, en “Teen competition” se da la circunstancia de que el movimiento más lógico de la chola sea de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba, jugando con la ley de la gravedad.
Y ya estamos otra vez con los Fab Four, nuevamente pecaré de exagerado pero creo que el grupo de Liverpool habría pagado mucho dinero por tener en su palmarés un temazo del calibre de “Follow the leader”. En otros tiempos habría sido número 1, pero de los number one que molaban, of course.
En “Vanity mirrors” es cuando realmente te percatas que este combo es único en su especie, llevan a su terreno todas sus influencias sin ocultarlas, y a base de intensidad sonora demuestran honestidad y sobre todo una conexión cósmica sin parangón entre el grupo y el oyente.
“Secret life”, ay, que bonita, de suspiros, con esos teclados que elevan el nivel épico hacia la troposfera o incluso la estratosfera. Himno ideal para los espacios vitales de cada individualidad. Irresistible ese estribillo mágico: “My secret life, It is so hard living for two, I just can't seem to let go, When I'm living my life, It should be with you,…”
Vamos con “You lied again”, se trata de una envolvente camuflada capaz de engatusar al tipo más duro, quizás sea una obscenidad decirlo así pero a mí me parece como si los Beatles practicaran hard-rock.
“Girl god” es como la sonrisa de una chica, ¿hay algo más perturbador? La canción de marras adquiere las suficientes dosis de épica como para pensar que muy pocos de su generación fueron capaces de crear algo tan bello e innovador.
Turno para “Mess around”. A ver, esto es un pelotazo sin concesiones, todo un himno popero sobre las dudas que genera la monogamia. Si le quitamos varias capas de decibelios nos podríamos encontrar con una de las mejores canciones que podrían haber firmado Lennon y McCartney. Es más, y sin ningún temor de aparentar exagerado o apasionado, apuesto que les hubiera encantado componerla.
“One Chord Progression” es simplemente eso, una sucesiva progresión de acordes que permite zarandear la cabeza de izquierda a derecha una y otra vez al compás de los mismos. Casi nada (como diría uno que yo me sé "casi res diu el diari"). En cambio, en “Teen competition” se da la circunstancia de que el movimiento más lógico de la chola sea de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba, jugando con la ley de la gravedad.
Y ya estamos otra vez con los Fab Four, nuevamente pecaré de exagerado pero creo que el grupo de Liverpool habría pagado mucho dinero por tener en su palmarés un temazo del calibre de “Follow the leader”. En otros tiempos habría sido número 1, pero de los number one que molaban, of course.
En “Vanity mirrors” es cuando realmente te percatas que este combo es único en su especie, llevan a su terreno todas sus influencias sin ocultarlas, y a base de intensidad sonora demuestran honestidad y sobre todo una conexión cósmica sin parangón entre el grupo y el oyente.
“Secret life”, ay, que bonita, de suspiros, con esos teclados que elevan el nivel épico hacia la troposfera o incluso la estratosfera. Himno ideal para los espacios vitales de cada individualidad. Irresistible ese estribillo mágico: “My secret life, It is so hard living for two, I just can't seem to let go, When I'm living my life, It should be with you,…”
Con “Ugly town” no debería quedar ninguna duda de que aquí hay una beatlemanía desbordante. Y con “Get out of myself” se produce la levitación a medio palmo de tierra, la fuerza del pop, el powerpop en grado supremo.
Después, con “Kiss the goat” las decepciones otoñales se miran de otro modo porque la sobredosis guitarrera nos ha dejado sueltos, muy sueltos. Pero eso sí, aún queda un regalito sorpresa, “Sick love”, todo un escupitajo final repleto de amor.
Después, con “Kiss the goat” las decepciones otoñales se miran de otro modo porque la sobredosis guitarrera nos ha dejado sueltos, muy sueltos. Pero eso sí, aún queda un regalito sorpresa, “Sick love”, todo un escupitajo final repleto de amor.
"SHOW WORLD",espectacular, la última magna obra de Redd Kross donde endurecieron ese sonido que solo ellos sabían combinar entre lo beatle, el glam, el hard-rock y el punk. Nunca cerraron la puerta pero lleva ya demasiado tiempo entornada. Imprescindible, uno de los mejores discos de los noventa para el que suscribe. Si se escucha a bajo volumen no hay nada que hacer.







































