Oh Imelda, Imelda, bendita sea tu pureza, eternamente lo sea…
Venga, pongámonos serios, que esta señora se merece un más que cumplido homenaje después de la fenomenal tarea que ella y los miembros de su grupo brindaron a los asistentes el pasado día 1
2 de Noviembre del 2010 en la Sala Mirror de la ciudad de Valencia. Por cierto, cuánta falta le hace a esa ciudad conciertos de este tipo en los que el recinto se encuentra pletórico y rebosante, entre otros motivos para volver a crear el buen hábito de acudir con mayor regularidad a estos eventos.
Imelda saltó a escena espectacular, hermosísima, exultante, con vestido ajustado, como un ángel bendecido por el Señor Todopoderoso de los Cielos. Cierto es que durante los primeros 20 minutos más o menos los instrumentos sonaron algo por encima del nivel de las cuerdas vocales de la estrella de la noche pero ello no le mermó meritos y nada más corregirse ese pequeño defecto se produjo la comunión entre toda la concurrencia.
Por fin pudimos verificar lo que se intuía.
IMELDA MAY está tocada por una varita mágica y destila en vivo elegancia, simpatía, belleza, actitud, carisma, aparente humildad, talento, una voz con unos registros espectaculares, y además los cuatro miembros de su grupo que la acompañan son una mina de oro con sus respectivos instrumentos. Si esta señora y su sequito suenan bien en estudio, en directo ganan muchos más enteros llegando a provocar una satisfacción generalizada a la altura de unos pocos privilegiados dentro de ese clima que transporta a los años en que el rock&roll era un elemento de agitación social.

El aparente caos que da título a su último álbum no es tal y todo se encuentra perfectamente calculado en el recorrido por la mayoría de los temas de su
“Mayhem”. No faltaron los mayores éxitos de
“Love tattoo” pero se echaron de menos algunos del
“No turning back”.En uno de los momentos claves del concierto, mientras Imelda susurraba acapella de forma tierna y el respetable se encontraba embelesado, una voz que pareció salir de las catacumbas dijo:
“I love you”. Los gatos comenzaron a maullar y la estrella sonrió. A buen seguro, en otros tiempos Imelda se habría convertido en una gran diva a nivel masivo, aunque ese mismo tiempo dirá, ya que con tres discos y todas sus virtudes técnicas, de estudio y escénicas ha conseguido abrir una gran grieta en tiempo record incluso entre los menos aficionados de su estilo. Si tuviera que destacar un tema que arrasó en esa noche me decantaría por
“Psycho” debido al agradable desorden psíquico que produjo entre los asistentes y que a más de uno le recordó a los gloriosos Cramps.
Mención especial para los valencianos
Cat Club, encargados de telonear a la diva con muy buena nota, y afianzándose como uno de los grupos más interesantes nacionales del género.
Y sin más detalles que hacer públicos de la intensa velada, continuemos con la plegaria como almas errantes en pena : … bendita sea su pureza, eternamente lo sea…