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miércoles, 30 de septiembre de 2009

PREMIOS - Gafirulas de la Seguridad Social

A la vuelta de las vacaciones estivales nos topamos casi de bruces con un premio (véase enlace), de esos encadenados que circulan por la blogosfera y que, aunque no comulgo con cierta obligación de algunas de las bases y normas que implican, supuso una gran satisfacción por proceder de nuestro apreciado amigo Scott St. James, dueño y señor de ese admirable espacio llamado Warehouse of rock. Desde aquí felicitaciones al resto de premiados.

Asimismo, el pasado 25 de Septiembre tuvo lugar en Garajeland uno de los certámenes más originales de la blogosfera. Bajo la fundamental batuta y dirección del Sr. 61 y 49 y del Sr. Tomás Verléin se celebraron los Premios Peluquin 2009 (véase enlace), en el que me adjudicaron el Premio Gafirulas de la Seguridad Social, sin lugar a dudas un orgullo inmenso en mi periplo blogosférico. Este premio llevaba consigo un regalito oculto de una de mis bandas preferidas (la fantástica “Long hair” de los Teenage Fanclub). Desde aquí felicitaciones también al resto de premiados.



Sirvan tres videoclips de tres temas de los Jacobites, The Posies e Iggy Pop como dedicadas muestras respectivas de agradecimiento a Scott St. James, 61 y 49 y Tomás Verléin, de las que intuyo que disfrutarán.
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lunes, 28 de septiembre de 2009

THE CULT - Concierto 27-9-09 (Gira 'Love live')




Valencia se vistió con las mejores galas para recibir al “Love”, una de las biblias fundamentales de una ciudad que siempre tuvo a THE CULT como su banda más emblemática después de U2, y un gran reclamo para tres generaciones en una ciudad aislada desde hace demasiados años de las habituales rutas de las grandes bandas de rock en directo.

Con todos esos alicientes, la banda de Ian Astbury y Billy Duffy comenzó a seguir por riguroso orden los mismos temas de un álbum que revolucionó la escena musical internacional en el año 1985. De “Nirvana” a “Rain”, pasando por “Big neon glitter”, “Love” y “Brother wolf, sister moon”, evidenciaron desfases de sonido, entre un batería quizás excesivamente acelerado, un orondo Sr.Astbury que adolecía del carisma de antaño y no acababa de hallarse cómodo en el escenario, un Sr. Duffy que gesticulaba en exceso ciertos malestares a la mesa central de sonido, y un par de acompañantes más a la guitarra y bajo que se limitaron durante toda la actuación a ser meras comparsas del resto.

Con los primeros acordes de la psicodélica guitarra de “The Phoenix” se percibió un mejor asentamiento. Como siempre que suena en directo, resultó un placer inmenso volver a escuchar “Hollow men”, mientras que “Revolution” fue coreada por una multitud entregada a la causa. Pero todo cambió con “She sells sanctuary”, himno entre los himnos, donde el sonido, la banda y el público comulgaron en el mayor de los placeres del rock. Después llego la magia con la sublime balada “Black angel”, a mi juicio lo mejor de la noche.

Había finalizado el “Love”. Se ausentan unos minutos para volver con renovadas energías y repasar algunos de los mejores éxitos del “Electric” o el “Sonic temple”. Comenzaron a desfilar “Electric ocean”, “Wild flower”, “Sun king”, “Fire woman”, etc., con un sorprendente y exquisito tema de corte stoniano como “Dirty little rockstar” de su último álbum “Born into this” del 2007, hasta finalizar con un descomunal “Love removal machine”. A petición de la masa llegó el bis. Me dió sensación de desgana en el retorno al escenario. Con una rapidez meteórica sonó “Lil devil”, y como no podía ser de otra forma hizo las delicias del respetable. Era la tercer vez que veía a The Cult en directo, y una vez más me fui con sensaciones contradictorias.
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viernes, 25 de septiembre de 2009

DAN BAIRD - Concierto 24-9-09


Hubo un tiempo en el que un par de chavales estuvieron absolutamente enganchados a una discografía ejemplar, sin rincones de desperdicio, de una banda californiana de melenudos llamada Georgia Satellites.

La deuda con los recuerdos de pelo largo y los viejos blues (casi como la canción de Burning) se saldó ayer, día 24 de Septiembre del 2009, en la Sala Durango de Meliana (Valencia), casi un par de décadas después, con uno de los conciertos que más ha hecho vibrar en la vida de esos dos ex-chavales.

No eran los Georgia Satellites pero después del resultado final del evento lo tuvieron claro. DAN BAIRD no solo fue el líder sino que además era el alma, corazón y pulmón de aquel grupo.

El calentamiento inicial corrió a cargo de una emergente e interesante banda valenciana llamada Los Perros del Boggie, con un estilo que oscilaba entre los Rolling Stones, los Travelling Wilburys, Tequila o Los Rodríguez, y que terminó su actuación con el líder de M-Clan en el escenario, invitado para la ocasión.

Entre cómplices sonrisas con los espectadores saltaron al terreno de juego los miembros de la banda dirigidos por un Dan Baird ataviado con su mítico sombrero y sus imprescindibles pantalones vaqueros. Rock and roll de alto octanaje, el mejor boggie-rock con sabor a motel de carretera que se recuerda en la costa este del Levante español con un country-rock sureño que transportaba al mismísimo corazón de Nashville. Un portentoso guitarrista, por volumen físico y admirable maña, hizo las delicias del respetable. En ningún momento del evento cesó la sonrisa del Sr. Baird. Entre mucho tabaco y cervezas, tres momentos inolvidables: “Keep Your Hands to Yourself”, el primer gran éxito de los Georgia Satellites, “Younger face” de esa obra maestra llamada “Buffalo nickel”, y una estupenda versión del “American girl” de Tom Petty. Insuperable.

Posdata 1 al Duke: ¿Has dormido bien esta noche?

Posdata 2 a Rockland: dicen que de bien nacidos es ser agradecido. La última birra de la noche fue a tu salud, por la buena información y los consejos recibidos.
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martes, 22 de septiembre de 2009

THE VELVET UNDERGROUND - (1968) White light, white heat


1. White Light/White Heat  2. The Gift  3. Lady Godiva's Operation  4. Here She Comes Now  5. I Heard Her Call My Name  6. Sister Ray

* Lou Reed: voz, guitarra
* John Cale: viola eléctrica, piano, celesta, bajo, coros
* Sterling Morrison: guitarra solista y rítmica, bajo, coros
* Maureen Tucker: percusión


Se dice, se cuenta, se comenta, se rumorea que la sombra de la VELVET UNDERGROUND es tan alargada que podemos encontrarla debajo de las piedras o incluso en nuestro plato de sopa de cada día. Cual si fueran una isla perdida en el tiempo y aislada dentro de la lógica evolución de la llamada música popular, publicaban su mítico “banana” álbum en 1967, considerado para muchos como la biblia negra del rock aunque yo me decantaría tan sólo por valorarlo de forma subjetiva como probablemente el disco más influyente de la historia, realizado por un grupo que junto a los Beatles se convertiría a largo plazo en el mayor de los influjos y trascendencias para nuevas bandas, generaciones o estilos.

Como era de esperar, y a pesar de los pesares de Andy Warhol, el “plátano” no tendría la repercusión pretendida y solamente una ridícula minoría en los sesenta comprendió que era un caso atípico de innovadora creatividad por el que se derrumbaba el orden establecido y por el que se acababa de desvirgar definitivamente el rock&roll. Relegados y marginados en las cavernas del underground, el mundo del rock todavía no estaba preparado para ello al hallarse inmerso en la disyuntiva de escoger entre el “Sgt. Peppers” de los Beatles y el “Their satanic majesties” de los Rolling Stones, amén de algunos intrépidos que comenzaban a hablar de la importancia de un grupo llamado The Doors, de un guitarrista negro llamado Jimi Hendrix o de un rubio resplandenciente llamado David Bowie entre otros.

Lejos de seguir la bellísima y más fácil estela comercial de “Sunday morning”, “Femme fatale, “All tomorrow parties”, “There she goes again” o “I’ll be your mirror”, se adentraron en la senda más inhóspita y tenebrosa de “I’m waiting for the man”, “Venus in furs”, “Run run run”, “Heroin”, “The black angels death song” o “European son”. En enero de 1968 se publicaba “WHITE LIGHT, WHITE HEAT”, la verdadera y auténtica biblia negra del rock, aquel año en que España conseguía ganar el Festival de Eurovisión con el “La, la, la” de Massiel.

Los bajos fondos, la droga y las alcantarillas de los ambientes más turbios neoyorkinos quedaban patentes en “White light, white heat”. Entre sombras, una pequeña luz continuaba brillando a través de un disco peligroso, muy peligroso, para mayores de edad liberados de las reglas y normas tradicionales.

Ni el carácter tribal recitando prosa poética en “The gift” podría ser soportado por muchas personas a través de las décadas mientras los rayos de sol hacían brillar la hoja de aquella cuchilla que rajaría la caja de cartón, ni la bellísima melodía al compás de una operación de cerebro podría ser ovacionada por una mayoría en la tortuosa “Lady Godiva’s operation”. Eso sí, a la Humanidad le podrían resultar más asimilables aquellos dos minutos de intimismo nostálgico en “Here she comes now”.

Y por fin llegó el momento cumbre velvetiano en el primer corte de la cara b del vinilo de “White light, white heat”. La distorsión, la atonalidad y los amplificadores al máximo volumen reventaban en la cima de la crudeza, de la locura y del dolor con “I heard her call my name”. Todo parecía perfectamente calculado: ruido, melodía y una grabación semidefectuosa. Casi inaudible pero algo tenía. No hacía falta que fuera limpiada ni aseada. Quien no quiera que no la oiga.

Pero todavía quedaba tiempo para poner el punto final con algo grande. Más de diecisiete minutos en la cima con “Sister Ray”. Era el colofón con la canción que colocaba la corona velvetiana, donde se concentraban todos los demonios y obsesiones a base de un reiterado riff, un ritmo machacón y un órgano retorcido y maliciosamente perturbador que generaba una sensación hipnótica de sucesión de imágenes en movimiento. Una auténtica delicia auditiva extremadamente difícil de digerir durante toda su extensión. Para quien no pueda engullir tan magna pieza siempre le quedará la posibilidad, si está interesado, de degustar una sublime versión del “Sister Ray”, menos indigesta para el oído humano, en el extraordinario “Still”, el álbum póstumo de Joy Division.

Con “White light, white heat”, esa virtuosa bestia compositiva llamada JOHN CALE se despedía de la banda tras una disputa con ese otro genio llamado LOU REED. El tiempo comenzó a discurrir y la luz de la vela negra velvetiana comenzó a brillar incesantemente y casi de forma inabarcable. Un señor llamado James Newell Osterberg, más conocido como Iggy Pop, acaso influenciado inicialmente por sus pretensiones sexuales con Nico, quedó prendado con la magia de este sonido, enarbolando en 1969 con los Stooges una minoritaria y pionera bandera de subcultura punk y de glam-rock. Incluso los Stones en 1971 con su sublime “Sticky fingers” muestran guiños a la Velvet, especialmente en sus referencias sobre la droga.

Y la vela negra se convirtió en un cirio de grandes dimensiones durante la década de los setenta. Fue el propio Lou Reed en solitario con la publicación en 1974 del genial álbum en directo “Rock&roll animal” quien recuperaría y haría popular parte del legado velvetiano. Por su parte, David Bowie comenzó a propagar la esencia velvetiana con su “Hunky dory” de 1972 y más concretamente en 1977 con los berlinescos “Heroes” y “Low”. Asimismo, Jonathan Richman, fanático admirador de la Velvet, le daría en 1976 una original vuelta de tuerca con sus Modern Lovers. El brillante e influyente powerpop de Big Star, cercano a los Beatles, también encontraría algún nexo de unión con las composiciones de Lou Reed y John Cale. Y en lineas generales, el glam-rock se rendiría a la tentación velvetiana a base de travestismo y sadomasoquismo, especialmente en los toques tempestuosos de la Roxy Music, los más íntimos de Marc Bolan & T.Rex, y los más feroces de los New York Dolls.

A partir de 1975 la poesía urbana o autodestructiva de la Velvet adquiría nuevas dimensiones con Patti Smith y muy especialmente con Tom Verlaine y Television a partir de su mítico “Marquee moon” de 1977. En ese mismo año el fuego velvetiano llegó al punk con ese consigna de “No futuro” y los Sex Pistols o los Clash a la cabeza. También en la new wave grupos como los primeros Ultravox de John Foxx o Japan encontrarían nuevos sentidos a los sonidos velvetianos, e incluso grupos electrónicos como Kraftwerk y gran parte de sus influencias basarían su riqueza experimental e hipnótica en la Velvet.

Poco después, las sombras gélidas o siniestras se levantaron como un fantasma y llegaron al after-punk con Joy Division, The Cure, The Chameleons, The Sound o Echo & The Bunnymen, levantando la antorcha velvetiana a través de la década de los ochenta. Como una carrera continua de relevos sería recogida por los Jesús & Mary Chain, Sonic Youth, Pixies, Nick Cave, etc.

En el inmenso abánico de influencias velvetianas, resulta imprescindible mencionar gran parte de la corriente ochentera alternativa conocida como el Paisley Underground californiano y el llamado Nuevo Rock Americano, desde R.E.M a los Violent Femmes, y sobre todo The Feelies o The Dream Syndicate.

En los 90, exitosos grupos como Radiohead y buena parte del indie-rock británico y americano recogieron el testigo, al igual que durante la primera década del S.XXI en que la herencia de la Velvet se encontraría de una forma u otra bastante latente en muchas de las bandas consideradas alternativas. En España, desde Paralisis Permanente o incluso Derribos Arias, hasta los Surfin Bichos, pasando por los Planetas y la casi totalidad de la escena pop independiente nacional bebe de una forma u otra de la Velvet Underground.

Y así, a través de los tiempos, una buena parte del mundo se velvetizó, y otra no, pero lo cierto es que la historia cambió y comenzaron a tener cierto sentido diversos personajes excéntricos, urbanos, malditos, minoritarios, extravagantes y perdedores. ¡¡¡Velvet forever!!!
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lunes, 21 de septiembre de 2009

ESPAÑA, campeón del Eurobasket 2009


Algunos de los que sentimos la pasión por los deportes, y concretamente por el baloncesto, algunos de los que sentimos los colores de España por razones diversas, desde genéticas, geográficas o simplemente porque nos mola que España sea portadora de la letra “ñ”, nos encontramos satisfechos, radiantes y pletóricos del hito deportivo que supone ser campeón del Eurobasket 2009 en una final en la que España arrasó a Serbia. Desde nuestros asientos algunos hicimos fuerza, y contribuimos en la medida de lo posible a las canastas de 12 magníficos (el megacrack Pau Gasol perfectamente secundado y arropado por Ricky Rubio, la “bomba” Navarro, Rudy Fernandez, Garbajosa, Cabezas, Llull, Raul Lopez, Mumbru, Claver, Felipe Reyes y Marc Gasol).

A pesar de la ausencia del gran Jose Manuel Calderón, y tras los éxitos del oro del mundial del 2006 y la plata de los Juegos Olímpicos de Pekín, se ha hecho justicia y continuamos haciendo historia con una generación inolvidable. Hablamos de BALONCESTO en negrita y con letras mayúsculas. Repetimos: BALONCESTO.
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