
Hay momentos y momentos, instantes en el tiempo, ocasiones propicias para decir hola o para decir adiós. Existen discos y discos, y entre los históricos siempre se hallará
“El momento”, el último Lp en estudio de una de las bandas más imprescindibles y legendarias del pop-rock patrio, le pese a quien le pese.
A toro pasado es más fácil valorar las cosas. Mucha gente no comprendió, o mejor dicho no quiso aceptar que se avecinaba el final de
NACHA POP, sin trifulcas ni mosqueos, con aquel inolvidable directo que recogería una intachable trayectoria.
“El momento” fue justo lo que tenía que pasar en aquel instante. Las composiciones del maestro entre maestros,
Antonio Vega, habían derivado cada vez más en un nivel estratosférico al que solo unos pocos elegidos artistas pueden llegar. Eran más intimas, más hondas, más entrañables, más tocadas si cabe por una mágica varita, y más alejadas probablemente del concepto de grupo o de las estructuras de su primo,
Nacho García Vega, el otro compositor que permitía mantener con su pundonor la llama del concepto inicial por el que
Nacha Pop alcanzó el vitalicio reconocimiento en un país poco dado a aceptar profetas de su tierra.
En
“El momento” hay emoción, pero emoción en el sentido literal de la palabra, ese que tiene afecto, sensibilidad e intensidad. Y la prueba de ello comienza con
“No se acaban las calles”, primer lanzamiento de pértiga de un D. Antonio vitalista (a años luz de la imagen triste que siempre nos quisieron vender), provocador, dirigiéndose a esas mujeres fatales que saben sonreir y que también saben posar, abriendo paso a una de las canciones más famosas de la banda, la desenfadada y bravucona
“Vístete” de Nacho, más continuista de lo que pueda parecer a simple vista con el anterior corte, porque una blusa o una falda de una dama de buen ver es más que probable que provoquen alguna mirada excitada en el sexo contrario. Y después
“Asustado estoy”, también de Nacho, que con ese temor a la soledad tiene la cualidad de ser la que más se acerca a los supuestos parámetros de Don Antonio.
Punto y aparte merece a mi gusto el hechizo de
“Desordenada habitación”, uno de los momentos álgidos de este disco, donde el color y el calor ponen todos los ingredientes para hacer el amor. Puedo parecer exagerado pero creo que esta canción de D.Antonio roza la perfección, y es que a ver quién tiene los cojones/ovarios de conseguir un temazo como ése, lo dudo por aquí, lo dudo por Londres, lo dudo por New York, lo dudo por Madagascar y hasta lo dudo por Sydney, no tiene rival, o peor aún, difícilmente se le puede hacer sombra a una canción como esa.
Y para sombras,
“Persiguiendo sombras” siempre me gustó mucho, es donde D. Antonio imprimía nuevamente vitalidad y velocidad en la búsqueda de la melodía perfecta, en la búsqueda de alguien que sea más tangible que una simple silueta. Sin embargo después, en
“Quién soy”, composición demasiado sencilla y simple de Nacho, se perciben más evidentes las diferencias entre los dos líderes del grupo, algo que todavía será más manifiesto en
“Lagrimas al suelo”, donde nuevamente asoma una extrema sencillez aunque con matices sarcásticos, así como con el cierre melódico del disco en
“Si esto fuera amor”.
Otro punto y aparte merece
“Lucha de gigantes”, faltaría más. Enorme, uno de los clásicos de D. Antonio quien con humildad mira y respira desde las alturas cual si fuera una especie de Gulliver musical. Se dice pronto.
A destacar también a mi gusto
“Puertas abiertas”, uno de los temazos más optimistas y vitales que he escuchado en mi vida, inmerecidamente fuera de las quinielas de las mejores canciones de
Nacha Pop, donde la supuesta tristeza y soledad del
"chico triste y solitario" no aparecen ni en pintura. Porque existen ventanas en el tiempo y puertas abiertas a un año más, este post está dedicado en el día de la fecha a my little sister shiki
India, ya que me parece más molante tararear
“Puertas abiertas” de
Nacha Pop que el típico
“cumpleaños feliz, tócate la nariz”.